Por: Samael Aun Weor
Cierto día, logré ponerme en contacto directo con la Nave
Cósmica. Esta aterrizo en el Desierto de Leones, aquí en México. Me dirigí
naturalmente, al
lugar del bosque donde aterrizó y tuve la suerte de haberla
visto. Al acercarme pude evidenciar con asombro, que estaba posada sobre un
trípode maravilloso; era una nave
formidable, redonda, extraordinaria. Se abrió una portezuela y descendió el
capitán seguido de toda la tripulación. No tuve ningún inconveniente en
dirigirme al capitán de la nave y le dije: "Yo, desearía que usted me
llevara a Marte, mi Mónada Divina es el Regente de este mundo, sin embargo, yo
no he sido llevado allí personalmente, físicamente". El capitán guardó
silencio. Después continuó lo mejor, la tripulación se sentó en el suelo, en el
pasto. Al bosque de los Leones, le decimos "desierto" porque hay poca
gente, pero todo tiene, menos de desierto, es un bosque.
Dos damas estaban entre la tripulación. Continué diciéndoles al capitán: "Soy un escritor,
tengo la misión de ayudar a la humanidad, si yo pido que se me lleve a otros
mundos, no es por mi, sino por la humanidad. Yo quiero que me lleve al planeta
Marte". "¿Marte? ¡Eso es allí no más! , dijo el capitán, como si se
tratara de una ida a Xochimilko. Para él fue una petición de muy poca
sabiduría.
Continuando seguí diciéndole: Es que como soy un escritor,
quiero traer de otros mundos su cultura y su civilización y escribir para
ayudar a la humanidad. La petición que hago no es por mí, sino por ellos. No
soy un animal intelectual, soy un hombre y lo hago con la responsabilidad con
que un hombre puede hacer una solicitud. No como lo haría un humanoide, sino
como lo hace un hombre, que es diferente. Guardó silencio.
Una de las damas tomó en ese momento la palabra y dijo:
"Si colocamos una planta que no es aromática junto a una que sí lo es, es
claro que la que no es aromática se impregnará con el aroma de la que sí es
aromática, ¿verdad?". Yo dije: Sí, eso es cierto, eso es verdad. Me dijo.
“Lo mismo sucede con los mundos en el espacio: Mundos que en el pasado andaban
mal, poco a poco se fueron impregnando con las vibraciones de los mundos
vecinos, entonces humanidades que iban extraviadas, se transformaron y hoy
marchan a tono con las que van muy bien. Pero nosotros hemos acabado de llegar
a este planeta Tierra y vemos que aquí no sucede lo mismo. ¿Qué es lo que está
pasando con este planeta? Fue la pregunta que me hicieron. Entonces mi
respuesta fue que este planeta es una equivocación de los dioses, pero reflexionando
acabé de redondear mi respuesta en esta forma y le dije: Este es el Karma de
los mundos. Claro, aquellas dos damas asintieron; el capitán de la nave
también, todos estuvieron de acuerdo.
Aquellos hombres y damas, pues, eran verdaderos Dioses con cuerpos
de hombres, que no son profanos comunes y corrientes, ni tampoco humanoides,
son Dioses, repito. Las mismas damas son grandes seres Dioses con cuerpos
femeninos, con cuerpos de verdaderos seres humanos, altamente científicos,
gentes con conocimientos muy profundos.
Volví a insistir en mi petición al capitán y le dije: ¡Yo
quiero que me lleven ya! y hasta me cogí del trípode sobre el que estaba la
nave plantada, dispuesto a salir, era de
mañana, yo estaba dispuesto a irme, pero el capitán me dio una respuesta que
fue definitiva: "En el Camino iremos viendo". Yo entendí la
respuesta, y supe a qué Camino se refería: Al Camino Esotérico. Supe muy bien
su significado; comprendí que se estaba aguardando en estos momentos lo que
llamamos nosotros la Resurrección. Una vez conseguida la Resurrección por la
cual debe pasar todo Maestro de la Blanca Hermandad, cosa que ya está para
sucederse, entonces ingresaré a ese grupo. También supe que esa nave era
intergaláctica y que ellos son viajeros intergalácticos. Cuando les hice la
solicitud de Marte, la consideraron como una pretensión muy pobre de mi parte.
Entendí que son hombres perfectos, criaturas inmensamente superiores a los
humanoides que pueblan la faz de la Tierra.
Es claro que la humanidad racional juzga muy mal a semejante
clase de seres. No está debidamente preparada como para comprenderlos. El
capitán se dirigió a la nave muy satisfecho de la respuesta. Subió con su
tripulación a la esfera voladora. Me retiré a alguna distancia para no recibir
perjuicio por la radiación. La nave se elevó del centro de aquel bosque hacia el infinito.
Aquellos hombres son cobrizos, de la estatura de cuerpos,
mediana, delgada. No vienen a causarle ningún daño a las gentes, sino sencillamente,
ellos están estudiando planeta Tierra y se proponen a ayudar a la humanidad. Yo
sé que voy a entrar a ese grupo y será
para traer aquí, a la Tierra, prueba sobre la existencia de vida de mundos, elementos minerales, vegetales y
hasta organismos vivos que serán puestos sobre la mesa de los científicos.
Escribiremos textos que daremos a conocer públicamente, pero
además entregaremos las pruebas sobre aquello que escribiremos. Entonces la
mentalidad de las gentes dirigirá a esos otros mundos y atraerán en forma
magnética las radiaciones de esos otros mundos y así esa radiación impregnara e
este planeta. Es necesario que nuestra Tierra se impregne con la vibración de
otros mundos. Atando, pues, cabos, esa
es la conclusión de lo que ellos hablaron y de lo que yo les hablé; esto se une
para formar un todo único. Así será cómo este
planeta recibirá un gran beneficio. Claro, de todas maneras los
cataclismos serán los cataclismos, pero la vibración quedará en la Tierra para
formar un mundo mejor.




